miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ay nena, prefiero que seas prostituta, antes que gato de ómnibus

Implementan el boleto céntrico, el de una hora e incluso el de dos horas.
Me levanto y aplaudo la decisión.

Los médicos me dicen que no debería incorporarme tan pronto ya que la columna no ha terminado de soldarse, y que si sigo haciendo palmas se me caerán las manos, que aún penden de un hilo por las horrendas quemaduras de tercer grado.
No me importa, quiero otorgar mi reconocimiento a las cosas que están bien hechas.

Me parece elogiable que el servicio de transporte contemple las necesidades de los menos agraciados. Mini grúas para el ascenso de los discapacitados, lugares preferenciales para embarazadas y sus cónyuges golpeadores, e inclusive asientos enfrentados, para que los gerontes aburridos puedan intercambiar historias de operaciones propias y falsas carreras universitarias de nietos o sobrinos.

Pero como todo blanco (que se precie de tal) tiene su negro (que lo ayude con las tareas cotidianas), tengo algo para reclamar.
Te di tiempo, Salgado. Aguanté muchos años callado. Incluso soporté los cartelitos de “Prohibido Salivar”. Esos que cada vez que veía, llevaban a mi imaginación a ilustrar desagradables imágenes de viejos con complejo de guanaco, desparramando flemas por todo el piso del colectivo. Nunca vomité, contuve la regurgitada para no mancharte el tapizado de los interdepartamentales, y algunas veces, incluso volví a tragar.

Y es porque no me quiero ir por las ramas, señor presidente de CUTCSA, que lo miro a los ojos (tengo una foto suya impresa en la mejor calidad que mi Canon ofrece) y le pregunto: ¿Cuándo? ¿ Cuándo vas a poner ese asiento? ¿Cuándo te vas a dignar a colocar esa alfombra roja y esa mullidita butaca?

Isabel, Madonna, Mirtha. Todas las reinas tienen sus alfombras rojas y sus correspondientes tronos. ¿Por qué entonces las majestades del transporte colectivo no tienen los cortejos y sagrarios que merecen?

La tarea del conductor de un autobús no es nada sencilla. El estrés de saberse responsable de la vida de 37 pasajeros de pie y 42 pasajeros sentados, es muy difícil de soportar. Por eso están ellas. Por eso apareció esa élite, ese grupo de heroínas dispuestas a dar todo de sí (en primera instancia, su dignidad) para que los paladines del transporte (vulgarmente llamados choferes) puedan llevar a cabo su misión, sin inconvenientes.

No es raro subirse a un 468 y encontrar al lado del chofer, una señorita de ligeros ropajes, cargado maquillaje y cuestionable moral (Dije 468, como podría haber dicho 104, 60, 320 o cualquier otro número que simbolice una línea de colectivo)
Y es por ellas que hoy reclamo.

¡Pido por la salud de los gatos del ómnibus! ¡Exijo un asiento atrás del hombro derecho del conductor, para que el putón de autobús pueda poner en reposo su trasero (ya tendrá tiempo de ponerlo en marcha)! Estas golfas merecen más atención de la sociedad. Las turras gomeras conformistas deben cuidar sus piernas ¿Qué chofer las va a querer si le revientan las várices por estar todo el día paradas? Cualquiera, es cierto. Pero no importa. No es ese el punto.

Está todo bien con los desaparecidos y los repatriados que quieren votar, pero yo me pregunto: ¿No es hora de plebiscitar la inclusión de asientos para gatos en todos los ómnibus?


Voten tranquilos. Tabaré, ya no está de humor para vetar.

jueves, 29 de octubre de 2009

Matízalo J.C.

De un tiempo a esta parte, el timón de mi vida fue tomado por Berugo Carámbula, y sus inquietas manitas hacen que mi existencia tenga tantos sacudones como fábulas inverosímiles la oratoria de la señora Zorrilla.
Incertidumbres, cambios, avances, retrocesos. He estado de un lado a otro, en un constante (aunque no simétrico) vaivén. Soy el andar de Luis Alberto, hecho vida. Y la gente nueva que me rodea… la férula.

Hoy, me encuentro trabajando en un lugar lleno de enemigos del monocromatismo. Desagradables seres que adoran el color.
Podrían morir de inanición, ya que no se detendrían a comer, tomar o siquiera respirar, si hay alguien diciéndoles que el look que trajeron hoy, está muy a la vanguardia.
Votaron todos para anular la Ley de Caducidad, porque escucharon que el rosado, es el color de la próxima temporada.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano, para comprender lo que esos labios (que no se separaban más de medio centímetro) intentaban decir, logré descifrar el mensaje: “¿venis con nosotros, gor?

Carente de amigos o seres “queridos” en la vuelta, acepté la invitación de estos fundamentalistas de lo “cool”, confiando en la diversión que me prometía PILSEN, saliendo un día lunes.
- ¿No te vas a cambiar? – dijo la campeona del chic montevideano, mirando mi vieja remera negra.
- ¿Debería hacerlo? – respondí. Utilizando la retórica de manera excepcional.
- Obvio – dijo la nena. Ignorando mi capcioso auto-cuestionamiento y mordiendo con tanta fuerza su labio para marcar la “ve corta”, que casi se entierra las paletas en la encía.

Mis siguientes tres acciones* recibieron los adjetivos: grasa, terraja y untrendy, respectivamente.
Creo que fueron intentos de ofensa. Infértiles, naturalmente.

Salimos.

El frío me hacía pensar en positivo. Las chalinas de seda les quedaban muy bonitas, pero no evitarían la inminente hipotermia. No me gustan los genocidios, así que rezaba para que uno o dos quedaran vivos.
Pensé luego en la idea de soportar a Victoria Rodríguez hablar de los “Mártires de la Moda”, y cambié el pedido a Jesús, orando esta vez, para que ninguno pereciera en el camino (aunque alguna lesión cerebral -más- no vendría nada mal.

Llegamos.

El lugar estaba lleno… de productos con manzanas mordidas en sus dorsos. Los que iban conmigo, no demoraron más de 20 segundos en sacar sus computadoras portátiles y pedirse un trago con más color que ellos.

Se hablaban por chat. Intentaban seducirse dedicándose temas con un programa de computadora llamado Aytuns. Fotografiaban las chaquetas de los otros, con teléfonos de interfase táctil.
Cuando el monofónico ringtone de mi celular se hizo presente, sus narices se fruncieron con envidiable velocidad. El Nokia 1100 fue el primero en salir volando por la ventana. ¿Adivinen quién fue la segunda víctima del patovica de remera blanca y prolijísima raya en la engominada cabellera?
El tipo era un profesional. Me hizo planear con la velocidad y altura justas, para aterrizar al lado de mi teléfono.
Derrotado volví a casa. Abrí el frigobar y mientras tomaba un destilado de cebada bien fría, analizaba el spot de PILSEN. Los lunes también son días… para mamarse en casa escuchando pop japonés.





* inspeccionar mis axilas, desodorantizarlas, y ponerme el gorro de lana para salir.

domingo, 11 de octubre de 2009

NMVG (No Me Va Gustaf)

Porque no soy un autómata que consume la basofia que intenta embucharme MuchMusic y Radio Disney...
Porque peleo por los derechos de los artistas locales...
Porque hay una banda que en cualquier momento explota... y se convierte en número uno de los rankings de MuchMusic y Radio Disney...
Es que vengo a presentarles el primer corte de difusión de este gran conjunto.
Conozcan a los sensacionales.... "No Me Va Gustaf"



Que lindo que era verlos caminando
Tan solo de la puerta hasta el Roll Royce
La orilla del fainá les encantaba
Pero eso era de pueblo, así que no

Hermosa fue la vida que llevaron
Fortuna, fama, amigos un montón
Curioso es que su hija, se llamara
La Yamila, y siempre hablara de “che, bo”

Se quedan sin caviar y sin Chandon
Y sueñan, volver a la cima
Escuchan, comentar a los más viejos
“Les prohibieron el acceso al club de golf”

Extraña aquella vida aburguesada
Poder tener tres teles a color
El auto y todos los bienes raíces
Que gracias al cinco de oro, se compró

Se quedan, sin caviar y sin Chandon
Y sueñan, volver a la cima
Escuchan, comentar a los más viejos
“Ya vendieron el Blackberry y el Iphone”

Se quedan, en Soriano y Convención
Volvieron a vivir de arriba
Se escuchan, los golpes a los pendejos
No hay paredes en esta vieja pensión


Lai lai lai lai… lai lai lai lai
Le rompe
La trucha
Y espera
Que vuelva

Se queda, esperando en la pensión
Y manda a changar a Yamila
Escucha los sorteos por la radio
La quiniela puede ser su salvación

La yerba, que compró es un ofertón
La espera, con un mate a la niña
Pero no va, más por Carrasco o Punta Gorda
Porque sabe que su casta lo expulsó

Porque el ascenso social se le acabó
Sabe que es un chongo

jueves, 1 de octubre de 2009

Año Nuevo con las estrella(da)s

Julita y Pili no lo podían creer.
- Not tonight! I can’t believe it! – exclamó angustiada Pilar.
- ¡Ay nena! Hablá en español, haceme el favor; que no estás en Lotus.

¿Cómo harían para llegar a tiempo a la cena de fin de año?
Tenían menos de una hora y se encontraban completamente perdidas (el dispositivo GPS de la Pathfinder estaba averiado).
Pilar giró la cabeza para pedirle ayuda a su papá. Esta idea fue mandada de inmediato a la papelera de reciclaje. Luis Alberto yacía en asiento trasero, completamente borracho, mientras entonaba a capella “Cada vez somos más, para cambiar…”, intentando imitar la voz del Chole.
Era una noche gélida. Las calles estaban desiertas, y en el tablero de la camioneta, madre e hija divisaron algo nuevo, único, desconocido y angustiante.
- Má, ¿qué significa esa luz que se acaba de encender? – preguntó tímidamente Pili.
- No te angusties ni te desesperes por lo que te voy a decir. Creí que este día jamás llegaría. Pili: esa luz es de: ¡LA RESERVA DE COMBUSTIBLE!
Al escuchar esa última frase, Luis Alberto balbuceó: “¡Con los blancos se vivía mejor!”. Su hija sacó una petaca de la guantera, y se la enchufó, a modo de biberón.

Perdidas y sin gasolina, creyeron que jamás encontrarían el camino de regreso a casa. Desesperada y temerosa, Pilar realizó un último acto de supervivencia. Sacando la cabeza por la ventanilla, gritó con todas sus fuerzas:
- ¡Batman, ayúdanos! (las periódicas sesiones de cama solar, habían estropeado parcialmente la sinapsis neuronal de Pilar).

Un hombre vestido de azul, se acercó al vehículo, intrigado por el escándalo, y golpeó la ventanilla del chofer, donde se encontraba Julita.
- ¿Sucede algo, señoras?
- ¿Y a ti que te importa, mersa? – respondió agudamente la conductora
- Señora, soy oficial de la policía. ¿Necesitan algo?
- ¡Uy! ¡De la policía! ¡Qué copado! Sos como los de C.S.I – acotó efusivamente Pilar
- Sus documentos, por favor – dijo el oficial
- ¡Ay, re bueno! Me encanta mostrar el pasaporte. Este sello es de la última vez que estuve en Etiopía. Éste es de mi viaje a Indonesia. Este otro que dice “Buenos Aires”… ehm… está equivocado, no sé que hace acá. ¡Yo nunca fui, eh! ¡Le juro que nunca fui! Éste fue Luchito, estoy segura. Me quiso hacer una broma de mal gusto poniéndome el sello de un destino proletario. Porque yo le juro que nunc….
- Señora, ¿su hija tiene algún problema? – interrumpió el oficial
- Si – sentenció apenada Julita.
Hija; cuando el señor pidió nuestros “documentos”, se refería a la cédula de identidad Ahh, esa que me pedían para entrar a Cabildo, cuando era menor…
- La misma.

Al constatar que no había irregularidades, el oficial apretó una de las puntas despegadas de la calcomanía de “Yo no los voté”, y las dejó marchar. No sin antes indicarles que cincuenta metros más adelante, había una estación de servicio que seguramente las ayudaría a resolver su terrible problema.
- ¿Ancap? ¿No es eso lo que a veces grita papá, cuando tiene pesadillas? – preguntó la sagaz jovenzuela
- Si, chiqui. No pudo privatizarlo y aún lo atormenta por las noches.

Mientras el lesionado jefe de familia, roncaba y murmuraba “forestenlón”, las chicas “P” llegaron a la estación. Sin dudarlo, Julita exclamó: - Lléneme el tanque, joven.

- Joven, cóbreme a mí – dijo Pilar, a la que le encantaba mimetizarse con su madre. Cuando era chica jugaba al “Banquero”, y se quedaba con los vueltos de sus amiguitos).
- Son mil ochocientos treinta y cinco pesos – avisó el uniformado trabajador
- Tome esto. Y guarde el cambio, joven – decía mientras lanzaba una estúpida guiñada a su progenitora.
- Señorita, ¿qué me está dando? – preguntó extrañado el pistero
- Es dinero, joven. Con él, puedes comprar polenta, fideos, mortadela. Esas cosas que tanto le gustan a la gente como tú, joven.
- ¡Deje de decirme “joven”! Y ya sé para qué sirve el dinero. Pero esto no son pesos uruguayos – respondió enfadado el joven
- Claro. Son Yenes que me sobraron de mi último viajecito – explicaba orgullosa Pilar, mientras daba palmaditas a la cabeza del pistero y miraba a su madre sin entender por qué no encendía el motor y arrancaba de una buena vez.

Julita la miró con desdén. Y experimentando un sentimiento parecido a la vergüenza, interrumpió: - Aquí tiene, cóbreme a mí.

Cuando el combustible hubo llegado nuevamente al motor, todos los dispositivos volvieron a funcionar con normalidad. Incluso el GPS.
(¿Qué? No te rías, tuerca de mierda. Es mí historia. Me tomos las licencias que quiero. Y hoy, se me canta decir que el mapa electrónico de la camioneta, no funciona a batería, sino con fuel oil. ¿Capisce? Muy bien)

Con el Google Earth miniatura en marcha, no les resultó difícil encontrar el camino a casa.
- La próxima vez, vamos tirando migajas de pan americano, como Hansel y Gretel, para no perdernos. ¿Tá, má? – dijo antes de recibir un bastonazo corrector, procedente del fondo del vehículo.

Miraron el reloj. Había dado las doce varios minutos antes. Pero Pilar, tan lúcida como de costumbre, lo atrasó un par de horas… para no llegar tarde.
A toda velocidad, la Pathfinder recorría las calles aún desoladas.
- ¡Vamos, má! ¡Tú puedes hacerlo! ¡You can do it! – dijo, sintiéndose una cheerleader
- !Callate, pelotuda! ¡Que ya casi estamos ahí!

Finalmente, cruzaron la frontera.
Ahh… que bien se sentía estar del otro lado de Arocena. El mundo menesteroso había quedado atrás.
Estacionaron el vehículo, empolvaron sus narices, se calzaron los sacos Christian Dior y abrieron las puertas de Café Misterio; donde los esperaba toda la familia, para recibir el año brindando con el Ananá Fizz más caro del mercado.
El fotógrafo gritó “whisky”, y Luis Alberto tiró su vaso de espumante a la mierda.

martes, 22 de septiembre de 2009

Más famoso que las galletitas

He descubierto que escribir desde la frustración, la ira o el enojo, resulta mucho más cómodo y productivo que crear textos que hablen del amor, la esperanza, o que tengan las palabras “alma”, “corazón”, “luna” y “princesa”.
Cuando tenía la Bic de cuatro pesos en la cartuchera y garabateaba en libretas hechas con hojas recicladas de los cuadernos sin terminar de la facultad, no había drama. Era under. Podía salir a tomar una cerveza con amigos y aunque de vez en cuando se acercaba algún fanático con dosis tan altas de respeto y admiración que asustarían al mismísimo Mark Chapman, la interrelación no duraba más que un par de minutos. Intercambiábamos opiniones, puntos de vista, la bebida destilada que cada uno tuviera en su vaso, y listo. Volvía yo contento a mi ronda de amigotes con la satisfacción del deber cumplido, y él (lamentablemente nunca se arrimó una “ella”) se tomaba el bus a casa con esas cosquillas en la panza que siente todo aquel que se sabe parte de un público reducido, seguidor de un artista (Sí, bobetas. Soy un artista) de culto, con el cual logró concretar un contacto tête à tête.
Hoy, la cosa ha cambiado.
Que no se malentienda, eh! No me estoy quejando de las regalías que Google y otros tantos anunciantes me dan por cada clic que usted hace en mi sitio. Sentarme en este sillón masajeador de última generación, y escribir en mi MacBook 2010 no es tan desagradable. Eso sí; a veces se extraña el entorno (los famosos no tenemos familia o amigos, tenemos entorno). Hawaii es un poco solitario, pero repito: no me quejo.
Si, quejo se escribe con jota, Ukelele. Olvidé mencionar que alquilé un nativo que me transcribe los textos mientras cuatro esculturales aborígenes manicuras se encargan de embellecer mis uñas y cutículas.
Extraño escribir para tres o cuatro, no lo niego. Añoro los bancos de la Plaza Cagancha, donde (entre negativa a pedido de limosna y negativa a pedido de limosna) me daba panzadas de tinta azul en renglones mal impresos, creando obras para subir a un sitio menos visitado que el de la monja canchera del EWTN.

Codearme con los salados no me desagrada.
Aprovechar el respeto que me profesa, para convencer a Saramago de utilizar la menor cantidad posible de puntos en sus obras, fue una experiencia interesante.
Cobrar en dólares por cada letra publicada, aunque capitalista y poco moral, no deja de ser algo agradableeeeeeeee y conveniennnnnnnnttttte (Confían tanto en mí, que ya ni leen mis textos. Alt + H / Contar palabras; y a otra cosa mariposa. Me mandan el cheque y todos felices).
Pero a veces, aquel espíritu rebelde, que se gastaba un pomo de 250cc de gel para dejar bien firme la cresta, y tenía una espalda fibrosa y resistente por cargar kilos y kilos de tachas sobre ella, cada vez que se disponía a crear un texto; asoma la cabecita y al grito de “¡Puto aburguesado, te vendiste al sistema!”, me recuerda lo linda que era la autonomía en el decir.

Siempre escribí para hacer catarsis. Era más barato, y menos indigno que ir a un psicólogo. Y si quería putear a alguien, ya que mi cobardía crónica me impedía hacerlo cara a cara, lo mechaba en un texto y punto; tema resuelto, psiques limpita.
En esta etapa de mi vida, de gran proliferación económica, pero opuesta soberanía expresiva, los de arriba (los dueños de los banners) me permiten putear a gusto (el epíteto vende muchísimo), pero ya no puedo nombrar al destinatario de mi repudio.
En otra época hubiese dicho: “¡_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _, sos una hija de mil putas! ¡Cobarde, traicionera, suripanta de la peor calaña! ¡Haz que un asno te penetre, oh canalla!”.
¿Ven? Hoy me censuran para ahorrarse una demanda.
De todos modos, ya me siento mejor. Las francesitas me quedaron preciosas.

sábado, 29 de agosto de 2009

Qué será... será...

Perder la heladera de Via Confort y llevarte a casa un chancho.
Caer al agua después de cantar a viva voz: “El tiempo que duró nuestro amor”.
Verte en el SE BUSCA y no llegar a tiempo al canal, por vivir en Las Piedras (y así perderte otra heladera con freezer).
Estas desgracias (que generaron una herida que creí cicatrizada), no se comparan con las desventuras que me aquejan hoy en día.
Ahh, pero a vos te encanta hacerte la víctima – dirán.
Es como acusar a un hemipléjico de querer “hacerse el Stalone”.
No me jodan. No sean injustos.
Tengo mala suerte; listo. No hay nada por detrás. No le busquen la quinta pata al gato (ni la segunda a Darío Silva.).
Si estoy jugando a la conga, soy el rey del doble par. Si sale una rueda de truco, me tocan los dos comodines. Si estoy en una orgía, soy el que saca las fotos.
Una vez fui a una bruja, y me dijo que si la DGI se entera, me lleva preso por evasor. Tengo más trabajos encima, que neuronas activas Julio Alonso*

Lo acepto. Aprendo a convivir con ello.
Antes, estar a 10 metros de la parada y ver como pasaban las tres líneas de ómnibus que me servían (cosa que pasaba todos los santos días y me obligaba a esperar 20 minutos más), me alteraba mucho.
Hoy, lo veo como algo rutinario. Y si por esas casualidades llego y hay un colectivo en la parada, no me lo tomo. Por si acaso, ¿viste? No voy a andar tentando al destino. El resto de la gente no tiene nada que ver. No me voy a subir y llevarme conmigo 40 víctimas más en el accidente fatal del que seguramente sea protagonista dicho colectivo.

En la actualidad, no tener tendinitis está de menos. Como confeso adicto a Galería, no me quejo de esa patología, la soporto con hidalguía**
El sexo dejó de ser placentero hace años. Más que tortuoso y estresante, copular en estos tiempos, es como que te estén estrujando los testículos (Cuando no literalmente. Ya que de vez en cuando me acuesto con aquella ex novia adicta al sadomasoquismo que me deja las uvas como dos pasas de idem).

De todos modos, hay una sola cosa que me alegra y en cierto grado consuela. El muy hijo de puta que hace unos años me dejase sin refrigerador, y truncara en el “Cante o Nade” mi sueño de ser una estrella pop, está internado y con mucho mejor suerte en el truco que yo.
19 buenas y tres del mismo palo en la mano.
Suerte Arturo.
See you in hell.







* Es decir: dos
** Como verán, también soy adicto a las frases cacofónicas.

lunes, 24 de agosto de 2009

... no hay, vino y cerveza. No hay milanesas...

¡Nunca miré a Camila! ¡Te lo juro! Para mí, las novias de mis amigos, tienen bigotes – dije a modo de alegato

Ahí se puso como loco, me habló del problema hormonal de su enamorada y conectó con gran precisión, un puñetazo que desfiguraría parcialmente la mitad derecha de mi rostro.
Como pude puse en marcha mi bi-rodado y me alejé a gran velocidad. Mis brazos se cansaron después de haberme trasladado dos kilómetros, y dejé que la inercia detuviera la silla.
No podía entender como ese canalla le pegaba a un tipo de gafas. Él sabía de mi presbicia, y aunque de contacto, eran lentes de todas formas.

Ser paralítico nunca me privó de tener una vida normal. Los infartos cerebrales sí.
Era el orgullo del hospital. Las cocineras me querían muchísimo y se sentían halagadas con cada una de mis visitas al nosocomio.
- Se le hace agua la boca con mi pastel de carne – decía Gloria con una expresión en el rostro de orgullo y soberbia.
Las demás se morían de envidia, pero sonreían falsamente.
Ninguna de ellas supo jamás que la baba que emanaba de mis bruces cada vez que Gloria traía su platillo fetiche, no era más que un principio de epilepsia causado por mi alergia a los clavos de olor (que en una de mis internaciones largas, me contó Gloria, eran el secreto de su manjar).

Julio vino a pedirme perdón, cuando se enteró que Camila lo estaba cagando con otro paralítico, que según dicen en la APUQPMLB.LCNDUAB (Asociación de Paralíticos Unidos que Pueden Mover los Brazos. Los Cuadripléjicos Nos Dan Un Asco Bárbaro), no necesita las piernas para mantenerse en pie. El apéndice que le cuelga de la ingle es la envidia de cualquier prótesis ortopédica.

Pero ya era demasiado tarde. Sus lamentos no me conmovieron. Le levanté el dedo que me quedaba en la mano derecha (que por suerte era el mayor), y aunque no sabía lenguaje de señas, comprendió el mensaje perfectamente.
Dije “Misión Cumplida. Me siento superior a este imbécil, le di su merecido. En este mundo no tengo nada más que hacer. Voy a disfrutar de los placeres del paraíso”. Pero como era mellado, nadie me entendió. Vaya sorpresa se llevaron al verme agarrar la pistola del armario de papá.
Me maté, convencido que lo que venía era mejor.

En el cielo, tu alma viene con los mismos defectos físicos que tenías en la tierra.
El puto de San Pedro hace un show de stand up comedy todas las noches, y hace dos semanas que me tiene en la vara.
Stephen Hawking, se regocija en un rincón.

viernes, 31 de julio de 2009

Od(ia) a Pablo Caballero



Trabajemos la esquizofrenia, el falcete y la métrica cuestionable. Es decir: seamos Rada, Richie Silver o Ruben Rá (el superhéroe que se tira pedos sin pará').

Y cantando el tema Alegre Caballero, descarguemos toda la ira contenida contra este hijo de un camión lleno de féminas que, por no tener dinero para alimentar a sus hijos, salen a la calle con diminutos ropajes a tener sexo con desconocidos a cambio de dinero sucio.



Preparen sus gargantas para cantar en la Amsterdam:

Oda a Pablo Caballero


Caballero
Quedate a defender, ¡negro pajero!
Recién vamos ganando tres a cero
Y sabes que Burián es el golero

Caballero
Tenes los labios como un extranjero
Parecen la sopapa de un plomero
Que no sos de Namibia, no te creo

Caballero
Si sos chueco no me importa, negro fiero
No subas más! No me hagas calentar!
O vas a trabajar al automac!

Caballero
Yo sé que no terminaste primero
Ni en pedo sos campeón de deletreo
En cinco sílabas “sos ne-gro re-o”

Sabes qué?

Caballero
No pases la mitad. No sos puntero!
Volves al cantegril cuando yo quiero
Obedeceme o te doy un boleo!

Caballero!
Ya no sueñes, yo no soy el gran Morfeo
No te hablo más, quietito te quedás
O le paso tu foto al Ku Klux Klan!


viernes, 24 de julio de 2009

"Un texto de mierda" - by John Literal

Era de esperar. La memoria no abandonó su estado de suspensión hasta que la fatalidad se hubo cometido.
¿La “fatalidad”? ¡A la mierda!
Perdón. Quise decir: “Ah, la mierda”.

La casa de aquella que satisface mis más oscuras fantasías sexuales (quién gusta autoproclamarse: “novia”) tiene dos baños.
En los últimos días, uno de ellos; solo dios (o el que haya tirado el envoltorio de Milka que el plomero encontrará en alguno de los caños) sabe por qué, ha generado problemas a la hora de evacuar los excrementos mediante la utilización de la (hasta ahora infalible) cisterna mochila.
Razón por la cual, recibir las cagadas se ha convertido en beneficio exclusivo del toilette (que a partir de este momento llamaremos) número 2.
Generalmente, frente a los padres de aquella que satisface mis más oscuras fantasías sexuales (cincuentones que gustan autodefinirse “suegros”), intento no mostrar mi condición de canario; colocando en los vocablos todas las eses correspondientes. Tampoco me gusta evidenciar mi gastroenterocolitis crónica, por lo que trato de no depositar mis heces en el baño que ellos utilizan (toilette nº 1).
Pero hoy, por culpa de unos intensos y malintencionados cólicos estomacales, olvidé todos los recaudos que había tomado esta última semana, y ni bien aquella que satisface mis más osc… (Llamémosla “aquella”).
Decía: …y ni bien aquella se fue a preparar café para dos, corrí al toilette Nº 1, me di cuenta que no tenía nada para leer (las etiquetas de los yampuses y cremas humectantes de su baño las había ojeado tantas veces, que ya me las sabía de memoria. Es más, compuse una canción con los ingredientes, pero no la escribo porque todavía no la registré en Agadu. Ya me pasó con “La hermana de la coneja”. Otra vez no voy a regalar un hit), volví corriendo al cuarto, tomé un libro de Nacho*, troté (esta vez con la velocidad de un Usaín Bolt blanco y con sobredosis de Activia) nuevamente hacia el baño y me senté tranquilo, aliviado, sabiéndome la envidia de aquellos con ano contra natura.

La tarde estaba lluviosa, la estufa encendida y el cuento que leía, deliciosamente bueno. No puedo ligar tanto - me dije. Mire hacia un costado esperando la fatal noticia; pero no.
Había un rollo de papel higiénico enterito, sin empezar; que me miraba como diciendo: “vos tranquilo. Dale con fe, que yo estoy para socorrerte”.


Decir que me eché “EL bostazo de mi vida”, sería exagerar. Pero lo estoy escribiendo, así que pensémoslo como una hipérbole casi real.
No sé si fue el mejor, no estoy tan afectadito como para hacer un ranking de excreciones, pero digamos sin temor a equivocarnos que: entra en el podio, se cuelga la medalla, tira champán al público y se saca fotos con los changos de encuerados mamelucos.

Mi esfínter no había terminado de contraerse por última vez (la clásica contracción final para eliminar los vestigios de caca) cuando mi mente se puso nuevamente en “ON”, mi respiración se detuvo y mis ojos se abrieron como los de Patricia Wolf.
¡Había cagado en el water tapado!
¡Estaba sentado sobre una montaña de excremento que no podía ser enviada a las cloacas presionando un botón!


¿Qué mierda hago ahora? – pensé (a mi interlocutor mental se le da por hacerme chistes fáciles cuando estoy ante una situación difícil).

Huir avergonzado, mudarme a otra ciudad y nunca volver a ver a esta gente, fue lo primero que se me vino a la cabeza. Lo segundo fue el slogan de la última campaña de NIX, y sabía que tarde o temprano, como “acá nos conocemos todos”, me los iba a cruzar.

Me encomendé a los Dioses pa**ganos y cerrando los ojos con fuerza (como un retardado cuando se pone nervioso) presioné el botón de la cisterna.
¡Aleluya!
El destino, las energías o los muchachos de La Liga Sanitaria estaban de mi lado. Porque el retrete se llevó todo. Todo, todo, todo. No dejó rastro alguno, ni una pista para los detectives escatológicos.
Era un crimen perfecto.

Sentí las felicitaciones, los elogios, las palmadas en la espalda.
Pero, para! Esos golpes no son en la espalda, son en el hombro.


“Gonzalo! Otra vez te cagaste en la cama!” – decía mi madre mientras me zamarreaba para despertarme de la siesta más larga, placentera y aromática de la semana.







* Alcuri
** (lan)

viernes, 10 de julio de 2009

Bedelía Menstrual (la burocracia del endometrio)

Yo pregunto: ¿no es hora de regularizar la bobadita hormonal femenina?
Así no se puede, che. No pueden ellas, ni podemos nosotros.
Día a día, uno se esfuerza para que la relación prospere, para que todo vaya viento en popa (o, cuando nos ponemos kinky: viento en pepa), pero siempre viene ese desajuste mens(tr)ual a romper las pelotas.

Ella es un amor. Es tolerante, pacifista y comprensiva. Ella es linda. Es sensual, provocativa y limpita.
Todas estas afirmaciones, de verosimilitud incuestionable, se derrumban (como el yenga que juega Berugo) cuando llega el indeseable, mezquino, caprichoso y hasta dentro de 22 caracteres innombrable: Período Menstrual.
Una vez por mes; tres o cuatro días de padecimiento y suciedad. Veintipico de paz, tres o cuatro de podredumbre y descomposición ovular.
Recuerdo mis épocas de gremialista en el liceo (que no las tuve, pero cómo me hubiese gustado. Le sacaban punta los delegados!... Punta a los lápices Faber Castell para tomar notas en las reuniones, porque lo que es garchar, ni cerca. A las chiquilinas de mi generación, como que la barba rala y la gelata continua a mate y tabaco armado, no las encendía mucho), y propongo a la Bedelía, hacer unos pequeños cambios.
Recuerdo que en los primeros años de secundaria, se les había dado por sacarnos algunas horas entre semana para que entráramos más tarde, o saliéramos más temprano (vaya bondad!). Horas que a la postre, nos enteramos, serían recuperadas: las mañanas sabatinas (vaya hijueputez!)
Y la menstruación mes a mes, es eso. Una clase de geografía, un sábado a las 8:15 am.

Gracias al reclamo de los petit communists que representaban al alumnado, pudimos revertir el enroque y colocar esas tortuosas clases de los sábados, en los agujeros académicos del resto de la semana.

Propongo hacer lo mismo con la menstruación de las mujeres (con la de los hombres todo bien, ni me jode *). ¿No sería precioso que menstruaran un mes seguido? Estéticamente no, es obvio. Se hincharían como sapos, sus psiques estarían más afectadas que las de un ex combatiente de Vietnam. Al día 23, seguramente se concretarían divorcios varios; pero los que aguanten, ¿no serían tremendamente felices los once meses restantes? Ah, yo estoy convencido que sí.

Por eso, el próximo sábado 18 de julio, a las 15:00 horas en Plaza Cagancha, se cita a todo aquel que apoye la premisa “Un mes de menstruación, once de felicidad”, para marchar hacia la Bedelía Menstrual y reclamar lo que es suyo, mío, nuestro.
La burocracia del endometrio no nos va ganar! Vamos compañeros!
Hedonistas.... unios!
Y a cuidar esas gargantas para cantar con fuerza:



Cómo me voy a olvidar
La pulcritud de... esa vagina
Cómo me puedo olvidar
El DIU brillaba en una vitrina


Dicen que el MSP
Prohibió una especialización, divina
Ginecología no more
Ya había más voyeurs que quecos en Minas.


Es mi ilusión, hacer acopio
Pa’ las trompas de Falopio
Tampón aquí, toallita allá
Y que la venta del producto sea zafral.








*
Sé que haber presionado “delete” a semejante burrada (“menstruación de las mujeres”), era más fácil. Pero no los quería privar de burlarse de lo imbécil que puedo ser a veces, sin querer.

martes, 30 de junio de 2009

El ventrílocuo de Luis Eduardo González

Soy encargado de la tintorería a la que el Partido Nacional lleva todos sus trajes.
Como verán, eso de que “los trapitos sucios se lavan en casa”, es puro verso.

En un pañuelo de Lacalle, hoy encontré escrito con lapicera: “este país considera más confiable una adicción, que un defecto congénito. El alcohólico a la presidencia, el gangoso a dirigir el parlamento”.

“hígado 1 – 0 gola” – rezaba la post data.

Según escuché; ni bien supo que había ganado; al grito de “Qué quip uoquin ni quip uoquin! Yo soy uruguayo, y me tomo un señor whisky”, se prendió a la botella y reescribió el discurso en este pequeño (aunque bien perfumado) receptáculo de mucosidades nasales.

El directorio del partido, estallando en nervios. Carlos Julio, no sabía que hacer (la demencia senil, ésta vez, no era la principal culpable). Julita, desesperada; y el pequeño Luisito Alberto, bailaba dos y uno en Cimarrón, sin saber lo que estaba haciendo.
Consideraron acertado no llamar a Pilar, ya que las microondas irradiadas por el celular, podrían descuajeringar el normal funcionamiento de la cama solar.

Todo estaba perdido. Si se sabía la verdad; si de algún modo se filtraban las ebrias nuevas, las elecciones nacionales irían a parar otra vez a las manos de estos “mugrientos comunistas, que atentan contra la soberanía del país, con sus sediciosos comportamientos y subversivas ideas de alterar el perfecto accionar de las benditas instituciones nacionales” (olvidé mencionar que García Pintos, también trae sus camisas a planchar aquí).

Era una férula. No había escapatoria.
De haberse pegado una neumonía importante, como el suegro de La Wolf, alegar una “recaída” era la solución para no dar el discurso y esperar que, a base café y antiácidos, la mamúa desapareciera (como la barrita de Fe(*), en la gráfica de votos conseguidos en éstas internas) y un par de días después, repuesto y abstemio, nos deleitara a todos con su envidiable retórica presidencial.
Pero al saber que esa piernita se quebró al caer de las escaleras (queriéndose hacer el Laport, con el desayuno calentito para Julie), hablar de “re – caída” no haría más que colocarlo en el lugar de un mundano Mr. Bean. Tan tonto como aquel, pero más viejo que Gaspar Valverde (porque todos sabemos que para pajeros que hacen caras ridículas y nada graciosas, no hay como el ex esclavo de Omar).


¿Qué hacer? ¿Cómo escapar?
La brainstorming duró minuto y medio; y después de llamar a Gastón Da Cruz y decirle “cambiate que entrás”, se procedió a eliminar con una bala de plata al ex (y hasta ayer “potencial”) primer mandatario y enterrarlo en un ataúd hecho con maderas autóctonas de “Forestaciones Lacalle”.
Todo viene bien. Todo está marchando. Aunque me dijo Da Cruz, que cuando abrazó al guapo en el balcón, le sintió tremendo olor a sobaco.






(*) ¿Qué te creiste, puto? Que iba poner Hierro. No, bobeta. No.

miércoles, 24 de junio de 2009

Cuartetó, Ain’t Noise Pollution

Cuando me descubrí erizado, caminando por la calle, con los ojos llenos de lágrimas, escuchando en el I-pod un tema de “Rodrigo”, supe que algo andaba mal.
Un amigo, certero en sus observaciones, lo definió hace un tiempo como el “Jim Morrison del cuarteto”. Y si bien alguna vez, mis músculos pilo erectores se pusieron en funcionamiento cuando L.A. Woman copaba la señal de radio; un Ocho cuarenta, Soy cordobés o Amor clasificado no había generado tal efecto. En realidad, no había desencadenado efecto alguno, más que el frenético movimiento de caderas y zonas adyacentes.

Nunca una trompeta me había estremecido tanto.

Ésta última frase (digna de acompañar una foto mía, en ropa interior, tirado culo pa’ arriba en una cesta de mimbre en la tapa de Paparazzi; adelantando la nota central, en la que cuento mi romance con el encargado de los vientos de La Vela Puerca), muestra claramente la sorpresa que sentí al verme a mí mismo en esencia, desprovisto de todo escudo y ajeno a prejuicios y mandatos sociales. O al menos eso creí.
¿Éste soy yo? ¿Es esto lo que realmente siento? ¿Un “turu tu tu tu” me emociona y conmueve hasta las lágrimas?

Tamaño planteo psicológico no puede resolverse en tres líneas (ni con tres líneas).
¿Indago en mi psiquis, a sabiendas de estar exponiéndome a duras conclusiones del tipo: “Tienes un trastorno grave de personalidad”, “Eres un motorola V3 de cantegril. Tu apariencia de rockerito desalineado, no es más que una carcaza tuneada”, “No podes escuchar Rodrigo, la puta que te parió” o “Ahh, ¡tenes I-pod! ¡Burguesito de mierda!”; o sigo jugando a ser el Sid Vicious sudaca del siglo XXI?
Comodidad, señores. Comodidad.

Arrodillado. Rezando frente al altar de fotos de Fabián Delgado, que engalana una de las paredes de mi cuarto, pidiendo perdón por tamaña herejía y falta de sinceridad; hago a un lado el tarro de gel (efecto húmedo, ¿cuál más sino?), me saco la remera de Bataola, pongo la discografía de Iron Maiden en el I-pod y (con campera de cuero en mano y bandana en la cabeza) salgo a rodar por la ciudad, en mi motocicleta negra, tomando whisky del pico, mientras canto a viva voz:

Ai nou
Its onli roc an rol
Bat i laic it

domingo, 21 de junio de 2009

Galletita, The Street

Sabemos que los superhéroes del primer mundo, no se preocupan por lo que sucede en estas latitudes.
Somos concientes de que el “corazón” del sudaquita brasilero, ayudante del Capitán Planeta, no solucionaría un carajo.
Los titanes del animé, ni saben de nuestra existencia.
Y El Noctámbulo – se comenta- está internado en Manantiales.

Razones suficientes para sentirnos desamparados, ¿no?

Pero a no desesperar, queridos compatriotas!
Hay un hombre elegido por los dioses. Un vejete oriundo de este bendito país con forma de corazón (el terruño, no el veterano), que ha venido a rescatarnos.
Con su extremidad biónica, es capaz de patear cualquier gangoso trasero. Su lengua filosa, lograría eliminar las escaras y (regalándole un peligroso y dialéctico cunnilingus) complacer a la mismísima ex ministra Azucena.
Él te necesita. Te pide que le des tu apoyo. Por eso (como el “YVAN EHT NIOJ” de Los Simpsons, intentaba llevarte a cumplir el mandato del Tio Sam) éste pro-hombre, con "sus manos para abajo y ahora se van arriba” te recluta, te invita, te conmina a unirte al movimiento de la galleta callejera.
Louis Albert “galletita” TheStreet, te invita a disfrutar de:

"El baile del cookie"







I say go.. go cookie
Go buy stuff in Estol.. yeah
I say go... go cookie
Don't brake more bones

lunes, 15 de junio de 2009

Ojalá que llueva café (versión libre)

Sin preámbulos.
Sin pomposas presentaciones.
Play, y a cantar.

(abrir el link en otra ventana, darle play y volver a leer la letra acá)
juan luis guerra - ojala que llueva cafe.mp3



Ojalá que llueva café (Versión Libre)

Ojalá que llueva, café en el campo.
Mis vacas, capuchinos, van a sacar
Si cae cocoa fuerte, Nescau preparo
Y si azúcar quemada, les hago flan

Oh oh, oh oh
Soy clásico y quiero... café


Ojalá que llueva un control remoto
Instalé un portoncito y lo tengo acá
Será porque está un poco, senil el Toto
Pero sin él no funca mi PPA

Ohh ohh, ohh ohh
Ojalá que al viejo del latiguillo
Algún futbolista, que admire él
Venga suavecito, le diga al oído
Vaya viejo y jubi... le-sé

Pa’ que su hija chica, no lo extrañe tanto
Con formol al viejo lo embalsamamo’
Pa’ que Sergio Gorzy, no moleste tanto
Ayer le inyectamos gripe del chancho

Mezclada en la droga, que toma en el palco
Ayer le inyectamos gripe del chancho

Ya se encontrará con… Yahvé


Ohh ouo oh ouo


Ojalá alguien vea el talento innato
Que tiene éste botija, que es como el sun
Montevideano y cero: humilde o chato
Quiero eliminar ese, “lugar común”

Ohh ohh, ohh ohh
Ojalá este pueblo de perspicaces
Use esa pericia para inventar
Algo que no sea el… repetido chiste
Parodista de car… na-vál!

Pa’ que el ser humilde o, decir: “campechano”
No me haga sentir que soy uruguayo
Pa’ que una mostaza, y éste mate amargo
No me enorgullezca como uruguayo

Ojalá le llueva, una idea nueva
A ese licenciado de nombre Orlando


O que se la mande… Yahvé


Pa’ que to’ los niños, golpeados por Cacho
Ahora que son hombres, le den un palo
Pa’ que la tintura, de esos pelos rancios
Cause en su cerebro, problemas varios

Ay, ojalá el payaso, pelusita venga hoy
Su nombre completo diga si es macho…

“Pelusa de ombligo”, seréeee

viernes, 5 de junio de 2009

Tal para cual

Tanto le dijeron, tanto le insistieron, que hizo caso omiso a las recomendaciones de los médicos y salió a mostrarse. El vulgo pudo más que el patriciado profesional.
Los antecedentes de hipertensión, diabetes y disfunciones cardíacas de su familia, no hicieron mella en su afán de mantener esa “silueta perfecta” de la que la gente hablaba tan a menudo.
Aunque Ateneos Médicos varios habían llegado a idénticas conclusiones (ser un couch potato era mucho menos riesgoso para su salud, que correr un ómnibus o tender una cama de 2 plazas), ella, decidió exponerse; tomar ese riesgo.
A pesar de haber hecho jamás, medio abdominal (se levantaba de la cama con un sistema de poleas, creado por su papá que, si bien sordo y cojo, se daba bastante maña para la creación o réplica de arcaicos modelos motrices), no había un gramo de grasa en su envidiable y nunca penetrado organismo. Los 240 centímetros de silueta se desparramaban en un armónico 90-60-90. Pero sabía que de mantener el sedentarismo, engordaría como un sapo, una bulímica o Humberto de Vargas.

Algunos la miraban con obsceno gesto, otros le silbaban, muchos la piropeaban cuando pasaba, más de uno hacía la mano boba estando parado junto a ella en el ómnibus. Pero todos, absolutamente todos, la deseaban con locura.

Tan bonita como desobediente. Decidió mantener su figura con una exigente e insana ruina de “ecsersais”, sin escuchar siquiera las advertencias de su médico de cabecera. Trote para aquí, lagartija para allá, abdominal por un lado, mancuerna por el otro.
Muchos querían que hiciese rodilla al pecho, pero ella era virgen aún.

Quizás fue una elección randómica con la guía telefónica. A lo mejor está en un nivel de evolución superior al resto y sabe que en otra vida fui una estrella del porno en vivo (no existía la televisión en esa época), y sus ansias de placer la llevaron a hacer lo que hizo. Otra opción es que se cansó de esperar y agarró al primer gil que le pasó por delante. No lo sé. Nunca lo sabré (no me atrevo a preguntarle, por miedo a avivarla; que se percate que en un show pornográfico no podría haber hecho más que el pop para los asistentes y que me abandone al instante), pero lo cierto es que me eligió a mi.

Gritaría a los cuatro vientos: ¡ESA ES MI MUJER!, pero sin tener al lado a Jorge Rossi, con un micrófono, mirando a la cámara y leyendo una tarjetita con el logo del programa impreso en el dorso, no es lo mismo.

domingo, 31 de mayo de 2009

Pequeño hombre de bronce

Porque mamá me tuvo siempre a raya, y papá también.
Haciendo caso a la publicidad del Evatest, entrego este merecido reconocimiento con “un simple retraso”.
Por eso hoy, 5 días de después, homenajeo al pequeño individuo de bronce... también conocido como CANILLITA

Con la cara pintada, una boina bolchevique, los zapatos más destrozados que la psiques de un pastabasero de años y varias lágrimas en los ojos, me pongo a cantar:


Quiero escuchar
Al gran Sánchez Padilla
Cantando murga, junto a pablo millor

Quiero que Abdala, se ría de su jefe
Se burle de su nombre
Maria... por favor!!!


Quiero escuchar
Al guapo Larrañaga
Con su foniatra, gritar “revolución”

Quiero a Carballo
Su megalomanía. Que nombre otro programa
“Carballo, que valor!”


“Quiero escuchar!”
Gritó el sordo González
Y aunque tratamos, ninguno le entendió

Quiero escucharte
Le dijo Farro a Popo
Cuando tocó Romano, la bruta se durmió


Quiero apelar
Dije a su Señoría
“bruta” no “puta”, a ella se adjetivó

Quiero ponerla!
Confieso mientras canto, si existen voluntarias
Les doy mi movicom


Quiero cerrar
Pues me estoy aburriendo
Pinturreajeado, me siento un maricón

Quiero morirme
Por la gripe porcina, y así cumplir mi sueño
‘Tar en televisión




Aclaración al pié (I):
En mi cabeza tenía un ritmo loopeado de “el grito del canilla”. Una estrofita repetida ad eternum. Cuando terminé y me fijé en youtube me di cuenta que mis neuronas adaptaron la melodía como quisieron, y la transformaron en algo que muy lejos está de la original versión.
Hagan un esfuerzo por entender. Si no lo consiguen, avísenme y se los canto por teléfono.

Aclaración al pié (II):
Este tema hablaba de las condiciones infrahumanas de trabajo de los vendedores de periódicos, de los precios astronómicos de las publicaciones y las quejas no escuchadas por las autoridades. Era un tema de protesta. Me sentí un cantor del pueblo, un Olimareño. Esto iba a ser grande. Seguramente volvería Zona Urbana para hacer televisiva mi cantada denuncia. Todo el mundo estaba pendiente. Las radios a punto de dar play a este nuevo hitazo.
Minutos antes, llegamos un importante acuerdo con el amigo Eddie S. ¿Qué necesidad de joder? - me dije/o


Adiós mortales!
Me voy a disfrutar mi colección completa de Semanario.

jueves, 28 de mayo de 2009

Mitomanía suprimida. Verdades from now on.

La vida masculina no es una pila. De alcalina tiene poquito y nada. Un PH promedio de 4,5* es lo que mueve el mundo de éstos seres primitivos, poco pensantes, subyugados por la testosterona.
Y yo no soy una excepción. Porque puedo parecer una tecnicolor mariposita, moverme con gracia y sensual cadencia, pero no dejo de ser un individuo con un cromosoma X y otro Y en mi par 23.
Y me cansé. Me cansé de mostrar mis desgracias, abrir mi corazón (y más dolorosas heridas), creyendo que así las enamoraría, o al menos generaría mínima lubricación en ellas (en las hembras humanas, no en las heridas).

Por lo visto, el lugar de “pobrecito” no me queda nada bien, y en las féminas no despierta más que asquito, pena y nauseas.
Dejemos de lado entonces, esa falsa y pretenciosa modestia, y mostremos al mundo quién soy en realidad.

I’m too salty for this little and overstrung country.

Seamos sinceros. Se nota que estoy bañado en cloruro de sodio. Soy como un cono de papas noisette de Calprica (pero sin tanto aceite viejo, ni vendedoras –adjetivadas idénticamente, y- con olor a fritanga).
¿Para qué seguir mintiendo? ¿Con qué objeto?
Si lo único que conoces de mí, son mis capacidades amatorias **, puedo entender que hables pestes. Incluso, que sonrías con sorna y desdén. Pero al indagar más allá, encontrarás un individuo que lo único que tiene mediocre es la longitud de su órgano evacuante de urea y otros fluidos.
Intentemos seducir con la verdad.
Soy demasiado grande. Soy muy bueno.
Estoy tan, pero tan salado! Soy el charqui new age.
Ríndanme tributo! Y háganlo sin quejarse ni intentar evadirme. Que, bien o mal, yo no soy ningún Zaidensztat, eh!

Así que abandono el cómodo trono de la modestia. Decido ser sincero. Real. Perfecto.
Y todo esto, a partir de hoy.

Así que, ¡preparaos!













* Promedio del PH vaginal
** Capacidades diferentes si las hay. Estoy para la Teletón de los amantes.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Autonomía ocular

Uno pa’ aquí!
El otro pa’ allá!
Y moviendo, moviendo. Girando… Va!

Aquellos asiduos lectores, creerán que me puse a robar la plata escribiendo la secuela del post anterior. Que tuvo tantas y tan buenas repercusiones que inventé una segunda parte; y ahora me voy a laciar las crines y me voy a poner dos caravanas para ser el Hernán Caire de los blogs.
A todas aquellas que tienen fantasías sexuales con aquel que otrora fuera pareja de la afamada Nazarena Velez, debo decirles que no se ilusionen. Si bien tangible, no soy (tan) terraja, y el comienzo de este post no emula la guía de un coreógrafo de grupo de pop latino, sino que es una simple descripción de mis glóbulos oculares, cuando uno de ellos (peinándose la cresta y lustrando su cinto de tachas) se me pone punky.

No tengo control sobre mis parejas, ni sobre mis eyaculaciones. Y ahora, a estos hijos de puta no les alcanza con tener alto grado de astigmatismo, sino que se les ocurre dejar su condición simétrica y creerse únicos e irrepetibles. Miren, bobetas! Vuestra adolescencia ya pasó. Es hora de que se den cuenta que no van a cambiar el sistema (ocular) con esos tontos actos rebeldes.
Acá el que manda soy yo, y si se me ocurre ponerlos a mirar la película de Sex & The City por tercera vez esta semana, lo van a hacer sin chistar, lagrimear, ni meterse basuritas en ustedes mismos. Viven por y para mí! Sí, les tocó un jefe déspota. ¿Qué le van a hacer?

Esto es un ultimátum. O se ponen de acuerdo y me actúan coreográficamente, moviéndose al unísono y apuntando hacia el mismo sitio, o tomo un curso de lectura y escritura en Braille y prescindo de sus servicios a la brevedad.

Con el tenedor en una mano, y el tarro de alcohol en la otra (porque los voy a asesinar a ustedes, pero no voy a ser tan boludo como para infectarme yo), los saluda atentamente.

Hugo, (The) Boss.

sábado, 16 de mayo de 2009

(...) hoy tu sueño es real (...) abre tu mente (...)

Yo viví una época en la que saberse los pasitos de los temas de cumbia de moda, no estaba mal visto.
Y que venga cualquier bobeta de encuerados ropajes a decirme que jamás juntó sus puños a la altura del ombligo, a una distancia no mayor a 40 centímetros de éste, y dejando las recogidas y apiladas manos quietas, movió circularmente su pelvis mientras escuchaba (y disfrutaba) las excelentes estrofas de mayonesa.

Porque cuando sea famoso, algún insignificante coetáneo repartirá por los medios (con el único fin colgarse de mis tetas*, y así conseguir 10 o 12 minutos de fama) videos de mis hermosas cátedras bailanteras en boliches y cumpleaños de comienzos del siglo XXI.
¿Quién no uso gel alguna vez?
¿Quién no vistió orgulloso, localizados vaqueros y floreadas camisas abiertas hasta el cuarto botón?
¿Quién no pasó horas frente al televisor, en las tardes sabatinas, mirando el programa de Omar e intentando (a veces con la ayuda del REC, a veces no) aprenderse de memoria, todas y cada una de las virtuosas coreografías que los grupos de moda nos regalaban fin de semana tras fin de semana?


Para continuar leyendo y disfrutando de una experiencia poli sensorial, favor poner en su casetero “Striped bikini” del conjunto musical bailable “The Fury”.


Hey lady
Wherever you’re going
Don’t you ever forget wearing
Your striped bikini



Temas como éste, quedarán por siempre en el corazón y el tímpano de aquellos que supimos menear con frenesí todos y cada uno de nuestros músculos pélvicos, para demostrarle al mundo que la gracia al danzar no es patrimonio exclusivo del individuo de piel morena**.

Así que hoy, frente a esta tribuna de notables, quiero decir que estoy muy contento por participar en tu programa y espero que el jurado sepa apreciar las aptitudes para el baile, que tanto mi pareja como yo, hemos cultivado en estos años.



Con lágrimas en los ojos el conductor pidió un aplauso; que el público y los reidores no tardaron en efectivizar.
A continuación (con música de suspenso de fondo) realizó una cuenta regresiva de diez a cero, sustituyendo el último dígito por un estridente: “DUELO!









* Olvidé decir que para alcanzar la popularidad, me realizaré una operación de cambio de sexo.
** “Piel morena”, de Thalía, también es un himno. Pero por no tener coreografía clara y definida, nunca llegó a ser lo que un “Gelatina” o el mismísimo “Comadre Compadre”

viernes, 8 de mayo de 2009

(Dicen que) La dulzura puede cambiar el mundo

Si. Está bien. Lo dice el populacho, movido por el facilismo mental de un publicista chauvinista, con gran conocimiento del exacerbado nacionalismo de su público objetivo. Pero no por eso, deja de ser una mentira (o no) dicha mil veces (o más). Y es creencia aceptada por todo ese conjunto de adoradores de la torta frita, que “una mentira dicha mil veces se transforma en verdad”. Así que, en el caso de ser falaz la afirmación del título, la veracidad (aceptada) de la misma no estaría en tela de juicio. Porque podremos hacernos los reaccionarios, los loquitos diferentes que le huyen a los convencionalismos; pero cuando hay que llamar la atención de muchos, no tenemos problema en vender nuestro sabroso (o rico) patrimonio y ponerlo al servicio del grueso social. Al fin y al cabo, ¿quién soy yo para privar a la mayoría, de deleitarse con mis maravillosas prosas?
Con la camiseta celeste puesta, mate en mano y cd de Araca la Cana en el morral de lana, diremos* por qué se tituló así el texto que hace 870 caracteres vienes leyendo.

En algún momento hay que dejar la cáscara y mostrar la nuez (no estoy citando un tema nuevo de Arjona. El que compara esas cerdadas con sexo o menstruación es él, no yo), dejar esa armadura de hierro barato que tantos años llevas puesta y enseñar al mundo tu cuerpo lleno de escaras y hongos. En fin, tarde o temprano el chocolate del Ricardito se derrite y (quieras o no) se puede ver el merengue de corazón.

Él no fue la excepción. Juntó coraje, aseguró el terreno, creyó que era el momento propicio para encajar ese convenio oral universal y no quedar en jaque.
A frases cursis, tontas o avergonzantes, no hay mejor que recibir un “yo también” como respuesta. Era lo único que esperaba. Ni una sonrisa, ni un abrazo (sabía bien el asco que daban las costras de su pecho), mucho menos aún una desmedida demostración de alegría.
La tiene clara con el traductor de Google, así que pensó en la mejor forma para decirlo: Ich liebe Sie, Je t'aime, Ti amo, I love you bitch. Oh! You like it slut! Take it! Take it! (el pibe era muy de mirar pornetas yankees).
Cuando se percató de ser incapaz de pronunciar ninguna de estas frases, creyó que hacerlo en su idioma natal, aunque repetido, sería más cálido.

Ningún Montesco abrió su corazón a las 3 de la tarde, en el medio del campo, con los huevos todo transpirados. La conclusión llegó sola: la noche era el momento justo para confesarse.
Lo sintió. Sabía que era un tren que… que pasa varias veces, es verdad. Pero se conocía mucho y era conciente de lo histérico que lo pone esperar en el andén (le gustaba menos que a Humberto de Vargas y la gente de Fray Bentos).
Éste me lleva a capital – pensó.
Y sin dudarlo un instante (como un borracho conciente, que no quiere enchastrar el autobús; conteniendo el vómito hasta que el chofer se digne a depositarlo en la parada más cercana), lanzó la fatal frase:

- Te amo! – dijo con una voz que derretiría el escondite de superman en el Polo Norte

Estiró los brazos, aflojó los hombros y se preparó para recibir la agradable réplica.

- ¿Si? Ta. Bueno… Yo tengo un hambre que no doy más. ¿Vamos a comer?











*Soy tan pero tan uruguayo, que hablo en primera persona del plural, para referirme a mi mismo. Si. Como mi presidente.

jueves, 30 de abril de 2009

Viendo el mundo a través de otro cristal

No soy Osho, un psicólogo recién recibido, ni un poeta de poca, mediana o mucha monta (a éstos últimos no los distingo. Para mí, son la misma bosta*).

Veo el mundo, literalmente, con nuevos cristales.


Aburrido de esperar a tener el autobús a 2 metros para poder distinguir el destino y estirar tímida y rápidamente el brazo para que ese bólido de incómodas butacas no me convierta en la versión miope de Scioli; me decidí. Tenía que visitar un oculista.
- Oftalmólogo, pendejo bobo
- Ahh viejito rencoroso! Te quedaste con la espina, geronte esnob sensiblero. De todos modos, tienes razón. “Tenía que visitar un oftalmólogo

Junté todos los miedos, clichés, prejuicios y ansiedades; intenté neutralizarlas con un Aceprax, y partí raudo hacia la mutualista.
En la sala de espera, nervioso y sudando, como un mexicano resfriado en estos días, intenté memorizarme el orden de las letritas que minutos después, el especialista en disfunciones oculares me haría leer (de la más grande a la más chica) para determinar, que tan ridículas serían las gafas que engalanarían mi (ya de por sí antiestético) rostro.
Ahí recordé que mi memoria es pésima (un rato después me olvidé por completo de esto) y que jamás aprehendería esa sucesión de caracteres. Mucho menos aun, en los 15 minutos que me separaban del angustiante grito del profesional: “Número 5... Bagnasco, Gonzalo”

Me senté y estiré mi mano. Luego de 2 o 3 intentos encontré la del doctor y me aferré a ella con fuerza (esperando que con el dolor que le producía mi apretón, olvidara los dos esquivos ensayos previos).
Un examen para aquí, un ojo tapado para allá, una máquina por este lado, una linterna por el otro.
El exhaustivo y atemorizante análisis, había terminado.

- ¿Pueden ser de contacto, doctor? – pregunté esperanzado
- Probá – dijo sonriendo el malparido; mientras me daba 2 bolitas…


No soy el rey de la perspicacia, pero pude darme cuenta que el sorete de túnica, estaba mandándose el sarcasmo del año.
Lo miré fijo (aunque fuera de foco) y emprendí rápida retirada.

Desde ese día, sentí que la gente se burlaba de mí, que susurraban “Daredevil” cuando me veían pasar, que me dejaban el asiento para lisiados, compadeciéndose de mi casi nulo poder visual (después me di cuenta que a lo mejor lo hacían porque me falta una pierna, pero eso es algo de lo que hablaré en otro momento… más cerca del día Teletón; así tiene más punch).

Ya no me preocupo, no me interesa lo que digan de ese armatoste que con tanto esfuerzo mi caballete sostiene a diario.
Soy feliz. Me compré un ovejero alemán, que me acompaña a comprar cd’s de jazz.












* Defenestrar el género poético (especialmente hoy) no es políticamente correcto. Murió Idea Vilariño, y todos los viejos adictos a los mojitos de La Ronda, están de luto, comprando sus libros para “recordar” quién era esta gran poeta...
- Poetisa, viejo bobo.
- Sí, claro. Poetisa. Eso eso...

lunes, 27 de abril de 2009

Declárome "gordo onírico"

Si, soy un bulímico del sueño. Lo reconozco.

Como el obeso que disfruta sus milanesas con papas fritas a mediodía, pero segrega jugos gástricos no solo por el alimento que ingiere en ese momento, sino por estar pensando (entre bocado y bocado) qué cenara esa noche; yo, sueño con dormir.
Me acuesto para disfrutar de un agradable ratito con Don Morfeo, pero no hago otra cosa que pensar que eso terminará; pero que mañana, o en unas horas (cuando tengo la suerte de pegarme una siestita), estaré de nuevo acostado, sacando zetas de las orejas y babeando cual hijo varón de los Mazzini-Ferraz.
No es sano. No está bien. Pero es una adicción como tantas otras. La diferencia es que ésta (como la del café y el perfume Pibe’s) es una de las pocas que me animo a confesar públicamente.
¿Cuál es el problema? No es que duerma en abundancia. Todo lo contrario. Reposo mucho menos horas de las que cualquier médico, quiosquero o taxista, recomendaría. Y tampoco es que necesite dormir tanto más (porque con esos pequeños descansos “parpaderiles”, aguanto la extensa vigilia que se me viene. Soy como el Toto Da Silveira un domingo, pero sin torpes latiguillos, eh!).
Lo que otros ven como un problema (sobretodo mi esposa, cuando quiere acariciar los trabajadísimos trapecios que con tanto orgullo paseo sin remera por 18 de julio los días de calor), es para mí una simple y cotidiana reacción glandular. Veo una cama y se me hace agua la espalda.

- Pah, que ocurrente que sos, botija! Se me hace agua la … ja, ja, ja. Es como lo de la boca, pero… Fa! Que bueno que estuvo! - dirán

Lo siento, idiota. Lamento informarte que, aunque agradezco el voluntario mamadereo, no es ocurrencia alguna. Es pura y húmeda realidad.
Quizás los culpables sean los vellos para nada homónimos que engalanan mi espalda (de ellos pueden saber más aquí), quizás sea un don, que viene acompañado de una gran responsabilidad (aunque aún no haya desentrañado el beneficio de ese “don”, ni el compromiso que éste trae consigo).
No lo se. Por lo pronto busco soluciones y no respuestas. De los “por qué”, han de encargarse los médicos (o mi mujer. Es ella la que tiene arcadas cada vez que acaricia mi insomne e inundado dorso). Yo no me preocupo. Llevando una toallita de mano en el morral, que haga las veces de dique para ese río de agua salada que emana de mis poros, estoy más tranquilo y feliz que las gordas de los comerciales de Jorge Hané.

sábado, 25 de abril de 2009

Gustos Pasteles

Gracias a DiOs no soy famoso (como notarán, no puedo decidir si nombrar a esa deidad – que quizás exista, quizás no- con mayúsculas o minúsculas). Digo que menos mal que no soy estoy en la palestra, no por miedo al escarnio popular después de mis conflictivas declaraciones en el programa de Puglia, sino porque de ser sometido a un ping pong de preguntas y respuestas, no sabría que contestar.

- Tontito, el ping pong de preguntas es lo más fácil que hay. Es lo uno o lo otro. No hay términos medios.

Justamente, es eso lo que me aterra. Soy el tipo más indeciso del mundo (conozco otra persona con mayores dificultades para discernir, pero no es hombre… o al menos no lo parece). No tengo opiniones formadas, dictámenes definidos o doctrinas fuertes y bien cimentadas. En conclusión, tengo gustos y opiniones pasteles.
No. No soy el cantante de calle 13. No meto una referencia culinaria en cada texto, así dejen de buscar un significado de subtitulo de película yankee a la palabra “pastel”. Tómese ésta como adjetivo.
Mis gustos son pasteles, livianitos, mezclados, estirados, aguachentos… ¿Se entiende?
Soy una veleta, o una velita (de esas que le meten en el culo a los bebes para que caguen sin drama, la metes por ahí y que vaya para donde le parezca). Mi opinión va para donde menos moleste, mis gustos siguen la multitud, mis decisiones no distan de las del grueso social. Soy el mainstream hecho persona.

Esto me ha evitado problemas varios, pero no me ha regalado más que una vida de mediocridad y ostracismo.
Es por esta razón que hoy decido cambiar. Salgo del cascarón, con una esquela que dice “gracias por todo, pero es mi momento de vivir, puto” abandono el capullo y vuelo cual mariposa de invierno (que el cambio arranque bien, haber dicho “mariposa de primavera” no significaba riesgo alguno), me la juego eh… Sin miedo, arriesgándome a la condena social, y a sabiendas de estar corriendo un riesgo mayúsculo al confesar sin miedo mis más profundos secretos, lo digo:


Tengo todos los discos de Alejandro Lerner.

miércoles, 22 de abril de 2009

Punkie de la literatura

No me quiero casar con J.K. Rowling ni con Corin Tellado.
Con la primera no, porque tiene nombre de hombrecito. Con la segunda tampoco, porque la necrofilia ya no está de moda.
A lo que voy es que no pretendo contraer matrimonio con ... (Esperá, Gonzalo. Aclará lo medular y después seguis)
A lo que voy es que no pretendo contraer matrimonio. PUNTO. (ahí va)
Pero en caso de hacerlo, no pido una enferma de la lingüística, una Julia César Gard de las oraciones subjuntivas, una groupie de la R.A.E., una... (ta, pibe. creo que se entendió el concepto). Mas prefiero una afectadita de esta calaña, antes que entrar al 'altar'* con una punkie de la literatura.
No me preguntes a qué me refiero con punkie de la literatura, porque es de los conceptos más simples de comprender de todos los que andan pululando por la World Wide Web.

Anarco de las palabras, ni siquiera intentes acercarte a mí.
Che Guevara de la facundia, no tenes chances.
Hereje de la dialéctica, no eres digna de obtener mi amor.


- Gonza, tu retórica obsesión está llegando a niveles insanos
- Mi colesterol y mis trigliceridos también... y por ello, ustedes nunca se preocuparon.






*(porque no querré dar el sí, pero en caso de hacerlo, que sea con todos los chiches. Iglesia, cura, vals, arroz y lambada en la mitad de la fiesta)

Regla de tres (brief)

Si cada "Seguidor" me manda U$S100, me compro un auto

martes, 7 de abril de 2009

De cómo el mundo comenzaba a rendirse a mis pies

Lo merecía. El pibe sabía que era así.
Sus versos eran muy buenos, su prosa mejor aún.

Que gran escritor, la pucha! - se decía todas las mañanas frente al espejo

Imaginaba a diario el reconocimiento de una ilustrada multitud, que con bombos y platillos (al son de "La vida es un carnaval" - porque además de bueno en las letras, movía las caderas con envidiable frenesí cada vez que escuchaba a Celia) venía a saludarlo.


Con la verborragia de un Saramago, la poliglotía de un Bioy Casares, el sinismo de un Groucho Marx, y la demencia de un Quiroga cualquiera; él, se quitó la vida al ver que esa turba de ardientes barrabravas literatos no venían a dedicarle loas a otro mas que su odiado vecino de puerta.


A Jorge, que vivió en el 4C hasta hace una semana, le dedico este post. Eras bueno pibe. Pero no tanto como yo.

Otros alimentan mi megalomanía



Gracias a la gentusa de BLOGS NUEVOS PUNTO COM

domingo, 29 de marzo de 2009

Dulzura por ósmosis

No me gusta. No le gusto. No me quiere, ni la quiero.
Nada. Cero. Nuestra relación no es bilateral.
Lo que tenemos es una correspondencia narciso - onanista.
No desesperen. Agarren un pañuelito, aprieten fuerte sus sienes y detengan ese derrame cerebral, porque paso a explicarles:

Ella no es buena, ni dulce, ni amorosa, ni me quiere, ni se siente atraída hacia mí. Y aunque el observador outsider (voyeurista non pajero) piense lo contrario al verla tan efusiva, cariñosa y amable conmigo; todo lo dicho anteriormente es verídico.
Entonces, ¿por qué están juntos? ¿Por qué se ven tanto? ¿Por qué parece que se llevaran bien, y hasta que se quisieran?
Sencilla explicación, oh querido e ingenuo lector: ella es dulce por ósmosis.
Cual disolvente atravesando una membrana semipermeable, transfiérole inmensas dosis de cariño, dulzura, amor y ternura a este simple (aunque bello) receptáculo al que venimos definiendo como “ella”. Quien, como si del Dalai Lama se tratase; recibe toda esta mezcolanza de emociones, se ve poseída por ellas y las retransmite, las refracta, las envía de vuelta al remitente de origen. Ese remitente entonces (gran narrador, mejor persona), lo que absorbe no es más que una idéntica copia de lo que anteriormente regaló.
Ahh, putito. Pero entonces cuando en las primeras líneas decías que ella no te gusta y que no la queres ni un poquito, te estabas haciendo el macho recio y el desinteresado; cuando en realidad vos sí sentís cosas por ese ‘receptáculo’ y es a ella a la que no se le mueve un pelo cuando te ve – dirá algún bobeta con pretendida perspicacia y (seguramente) problemas de erección.

No, tontito. Baje la ceja y borre esa vanidosa mueca de su rostro que paso a explicarle a usted, la segunda parte de la teoría que terminará de hacerle entender el por qué de lo anteriormente concluido. Y ya que además de impotente, usted ha de tener alzheimer, se lo recuerdo: “Nuestra relación no es bilateral. Lo que tenemos es una correspondencia narciso – onanista

Como decía anteriormente (hubiese quedado precioso “como decía en el acápite”, pero no me quiero sentir Julio Cesar Gard), ya sé que lo que tomo de ella es una simple réplica de lo que momentos antes ofrecí. Por eso mismo lo que estoy haciendo es (de una u otra manera) amarme a mi mismo. Le entrego a ella lo que luego sé que me tocará a mí. Camuflado (o “camuflajeado” como diría el ladrón de Arjona) en una linda y próspera relación, pero sé lo que busco finalmente es la automplacencia. Y lo consigo.

Ah, pero eso es bien de pajero – dirán.
Si. Pero al menos, no me ensucio las manos.

miércoles, 18 de marzo de 2009

A Papá Mafia, con pistola de fulminantes...

Un revólver no podría más que yo. En realidad sí. Un simple gatillazo y (de tener buena puntería) mi vida culminaría como cualquiera de mis encuentros sexuales: rapidito y sin pena ni gloria.
Pero a lo que me refería era a que una pistola no podría vencerme en el terreno psicológico. Lejos estoy de ser un yogui, un monje tibetano o el hijo de Tu-Sam. Mas no me encuentro tampoco, en el terreno de las mantequitas mentales.
Que Él – en adelante Don Corleone- tuviese en su vestidor tamaña pistola, no me amedrentaría.
El sudor frío, las horas de insomnio y el tembleque que precedían a mi encuentro con la Némesis de Al Pacino, eran meras casualidades fisiológicas.
Hola - exclamé con el tono de voz más masculino que encontré en el estante de entonaciones.
Ni una respuesta. Ni una mirada. Ni un corte en su profundo y ruidoso respirar. Nada.
Yo no estaba ahí. O sea, sí, estaba. Pero en oposición a lo que canta el ridículo murguista con complejo de pitufo: “No estoy ahí, ya se que estoy, pero no estoy ahí”

Esperaba una reacción de celos, de odio, que intentase intimidarme por ser el potencial captor de su primogénita, el que intentaba despojarlo de su más preciado tesoro.
Para eso fui preparado. Tenía una respuesta o una reacción premeditada para cada uno de sus movimientos. Pero justamente, eso fue lo que no hizo: moverse.
No me notó, o fingió no hacerlo. Debí imaginarlo, Él siempre estaba una jugada adelantado.

Optimista e ingenuo, elegí creer en la posibilidad menos verosímil, pero que me dejaría en el lugar más cercano a la dignidad: Quizás no me escuchó – pensé.
Caminé con seguridad y confianza esos 3 pasos que me separaban de su ancha y transpirada espalda, me coloqué a uno de sus lados y extendí mi mano.
Esta vez tenía que verme. Mi delicada manecilla tamaño XS, aunque pequeña, tapaba parcialmente ese buscaminas que (por lo que pude pispear en el reloj en esas milésimas de segundo) lo traía a maltraer desde hacía buen rato.
Su cabeza permaneció inmóvil. Miró de reojo, cerró la tapa de su computador personal, lo tomó entre sus manos y con un abrupto movimiento se levantó y no volví a verlo en toda la noche.

Vencí – me dije a mí mismo. Y me lo dije en voz alta para que aquellos que estuvieran cerca escucharan.
No pude entablar relación con Don Corleone, pero al menos no influyó negativamente en mí, en ella, ni en nuestra relación.
Airoso y con el pecho más hinchado que los pies de Natalie Kriz después de una caminata de 2 cuadras, volví a casa.

Recuperé esa madrugada, todas las horas de sueño perdidas por los nervios, que durante varios días antes del temido encuentro con él (nótese que ya es él con minúsculas, y que agradezca que no puse: el gil) me atormentaron. Desperté feliz, al escuchar el ringtone de la cumparsita remix, que me hacía saber que era ella la que estaba llamando.
Hola – exclamé esta vez con seguridad y aires de ganador.
Gonzalo, no quiero verte nunca más. Te quiero, pero no más que a mi futuro.


Lo hizo. El hijo de puta la obligó a elegir entre su herencia y este mediocre amante color caoba.
Me cagaste la vida, Corleone… pero con cuánto estilo.

Game Over. Perdí con el mejor.

sábado, 14 de marzo de 2009

Si Woody Allen la escribe, todos aplauden de pie

Me presenté, y con la pista de Hey Jude de fondo, comencé a gestar mi sueño.

Hey Jew
Don’t be that rough
Take this big soap
And call it “uncle”

Remember that you don’t have foreskin…
Was you rabbi, the one that cut it

Hey Jew
Don’t be afraid
Those guys are bald
But not skinheads


- Corte! Corte! Corte!
¿Qué estás haciendo gurí? Te dijimos que podías traer una composición propia al casting, pero esto es un despropósito.
¿Vos te crees que a Marce le va a gustar un cantante de protesta antisemita en el Cantando 2009?
Cantate Bulería de David Bisbal, Living la Vida Loca, o la versión original de “jey yud” si queres, pero con la letra que escribieron los mismos Stones, no con esto.
- La canción es de los Beatles, Villarruel.




Y así murió mi esperanza de ganar el Cantando por un sueño 2009. No me deprimo ni pierdo la fe, escuché que Tulipano va a volver producir “Casting” el año próximo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

domingo, 8 de marzo de 2009

Efecto abrojo

La Metamorfosis de Kafka es un poroto. Desciendo a un estadio aun más primitivo y cagándome en su cucaracha digo que yo, a veces, puedo convertirme en un abrojo.
Pero por supuesto, como José Destino se ha ensañado en no cambiar mis hábitos y costumbres, y quiere terminar de arruinar mi psiques, me regala diferentes e incomprensibles reacciones de esos buzos de lana (mujeres) a las cuales me prendo cual fruto de planta cigofilácea.
Si soy un cardo difícil de extraer, se quejan por considerarme más absorbente que una Siempre Libre Ultraprotect. Si por el contrario adopto una postura más superada, con menos dosis de contacto cutáneo (no sexual), jugando a tener la seguridad, el porte y el poder de seducción de un Reynaldo Gianecchini cualquiera, me critican por no darles la atención que ellas merecen, ser frío o (las más neuróticas y desequilibraditas) ser un hijo de puta que juega con sus sentimientos y no sabe darse cuenta de cuando necesitan un abrazo.
No pido solución para estas últimas, sé que el Rivotril está carísimo. Pero necesito con urgencia un consenso femenino. Hagan una tabla, un flowchart, un cuadro comparativo. Les cedemos la sede de la ONU si quieren juntarse a debatir y concluir en un promedio de besos, abrazos, caricias o toqueteos que las complazca pero no las sobrepase.
El ser muy abrojo o muy poco abrojo, indistintamente, puede llegar a eliminar una potencial relación y desvanecer toda chance de contacto futuro con esa señora. Los verdaderos Reynaldos Gianecchinis no se quejarán, pues a su vida entran y salen féminas como bizarros y para nada graciosos personajes a la peluquería de Don Mateo.
Pero nosotros, simples mortales con defectos y virt… con defectos más, o menos severos, no podemos perder más chances, y menos aún por desajustes y falta de quórum en vuestro sistema político de cariño. Señoras, cuélguense un cartelito: insulsa autocomplaciente o ávida de ternura.
Al menos así, los que sabemos leer, tendremos una vaga, pero importante idea de qué tan fuerte debemos prendernos a esa lana de baja calidad, de la que tan orgullosas se sienten y cuidan con tanto esmero y costosas cremas humectantes.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Mi cuarto no tiene puerta, El 'orgasmo mute', y otros cuentos.

La gorda Rampolla; esa sexóloga que las cuenta todas y no vivió ninguna (yo no soy adiposito-fóbico, pero ¿vieron bien a esa mujer? No me vengan con el comentario barato: “es preciosa de cara”, porque esa mentira que dicen para intentar consolarse - ya que es ÉSE organismo el que está en la tele y no el suyo- no la creo), parece que no estudió uno de los capítulos del libro, ya que jamás la escuché hablando de este tema:
EL ORGASMO “MUTE”
No. No es una alteración genética del momento del clímax. Olvídense del verbo “mutar” y piensen en un control remoto de TV. Esa clase de “mute” es a la que hago referencia.
No tengo puerta en mi cuarto, y aunque está un par de metros por encima de la cabeza del resto de los habitantes de esta casa (hogar no, simple edificación compartida por personas con coincidencias sanguíneas), cualquier ruido que emita se escucha clarísimo. Como si tuviesen puestos los auriculares de Teleshopping. Ésos que promocionaban, más que como una solución a la sordera, como la mejor forma de chusmear conversaciones ajenas.
Todas las actividades que pueden generarme vergüencita, las realizo en extremo silencio. Marcel Marceau es un bebé de pecho comparado conmigo en esas situaciones. Es por esta razón que escuchar algún tema con exceso de trompetas, discutir vía telefónica, mirar pornografía oriental o jugar a tomar el té con mis muñecas, se han convertido en actividades tabú. Son procesos ocultos con la barrita de volumen en rojo.
Eso lo puedo tolerar, llevo mucho tiempo conviviendo con la ausencia de puerta en mi habitación, por lo cual estoy bastante acostumbrado a realizarlas con volume off.
Pero ahora, que las féminas se han liberado y no tienen filtro cuando les atacan las ganas de revolcarse; y por esa elección random que hacen, a veces hasta me toca a mí ser su compañero de chanchadas, he descubierto los inconvenientes de este habitáculo no aislado.
En el momento de la charla inicial no hay por qué reprimirse. Hablo a volúmenes normales, y a veces hasta elevo la voz en demasía para que sepan (los de abajo) que todo está transcurriendo según los mandatos eclesiásticos (nunca citados, pero siempre exigidos indirectamente en esta casa).
Ingenuo yo, contando mis logros y proezas académicas (ojalá tuviese alguna de otro tipo para ofrecer en el relato), mientras ellas, ávidas de buen sexo (cosa que jamás tendrán conmigo, tontuelas) ven un compendio de espermatozoides hablar y hablar y hablar, y solo esperan el momento en que ese anónimo porta falo se les abalance cual fiera del Discovery Channel.
Pasado el protocolo de “conocerse” (como si a alguno de los dos - o de los tres cuando estoy con suerte – le interesara lo que el otro tiene para decir) es momento de ponerle un poco de ajíes putaparió a la charla. He aquí el inicio de la etapa incómoda. Cuando la cosa se pone picante; sin que ellas lo noten, disminuyo paulatinamente los decibeles de mi voz hasta llegar a un susurro compartido. Cuando se percatan del hecho, es demasiado tarde. Estamos hablando a una distancia tan corta que, antes de preguntar el por qué de tan extraña situación, me prendo cual sanguijuela de pantano y chau pinela.
Todo marcha bien (dentro de la mediocridad de acostarse conmigo, pero “bien” al fin) hasta que, entregados al placer y haciendo gala de todo nuestro reprimido hedonismo, hay que ponerle un punto final al asunto.
Es ahí cuando descubro si una mujer es mentirosa y solidaria, o realista y cruel.
Si es de las primeras, va a gritar como loca, para hacerme sentir que soy un buen amante (la estadística me ha demostrado que no entro en la liguilla, así que ni te molestes querida), y sólo conseguirá que me ofusque por estar escuchando yo (y el resto de las viejas chusmas que viven en este lugar) sus desesperados alaridos de “placer”.
Si es de las realistas y crueles, me besará en la mejilla, quizás me abrace con compasión y pena, y en silencio saldrá de mi casa mientras yo, tomando una malta y mirándome al espejo, espero que la aleatoria selección de alguna mujer sin filtros, me regale otra noche de silencioso placer.

sábado, 28 de febrero de 2009

Si Traverso grita 'gol'

Dale, vení a jugar a la pelota conmigo. Si no te cuesta nada. Además vos te divertías pila haciéndolo. ¿Te acordás?
Si, ya sé que ahora tenés 22 años y ya no está entre tus prioridades mostrarle al tío cómo haces un golazo de cabeza contra el ángulo; pero es que eran tan lindas esas épocas.
¿Qué? ¿Que tengo 3 años más que vos nomás, y que esa admiración que sentías cuando niño, desapareció al darte cuenta que soy un frac… un “fracasado” -lo dijiste, sí, lo dijiste pendejo hijo de una gran puta!- que vive una eterna adolescencia y que nunca se acostó con una mina sin que hubiera dinero mediante?
Ahh, bueno. Ta… Si es así, no vengas nada. Juego solo contra la pared.
Total… ni tan buen remate de tres dedos tenías.

jueves, 26 de febrero de 2009

miércoles, 25 de febrero de 2009

Refrite, no plagio.

Mi vida es un granito

Muchos pensarán que el título hace referencia a algún problema en mi epidermis. No. Éste no refiere a ninguna anomalía facial. Digo que “mi vida es un granito”, un granito de arroz. En mis cortos 17 años de vida la imagen que más he visto es la de un plato lleno de esos lindos cereales insípidos.
Como ya sabrán los que me conocen (y los que no, se están enterando), nunca me interesé en adquirir conocimientos culinarios, y esto queda evidenciado en mi casi inexistente masa muscular. Si bien es cierto que nunca me preocupé por llevar a cabo una sana alimentación, mi madre tampoco hizo mucho. Ella, una mujer trabajadora, maestra (aunque no por vocación, ya que ni bien tuvo la chance de establecerse como directora y dejar de lidiar con esas clases llenas de “pendejos hinchapelotas”, lo hizo), nunca tuvo tiempo (ni ganas) de complicarse con la elaboración de las comidas. Es por este motivo que no recuerdo un solo día de mi infancia o adolescencia en el cual no haya encontrado en mi plato, al menos una (abundante) porción de arroz. Toda carne iba acompañada con arroz, los guisos siempre de arroz, la sopa del invierno estaba preparada con arroz; muchas veces, llegaba del liceo, miraba la mesa, veía croquetas, me ilusionaba, pero no… también eran de arroz.
Al desayuno, galletas de arroz. En los momentos de prosperidad económica, arroz amarillo (con azafrán). Así transcurría mi vida, nos sentíamos afortunados los días que encontrábamos algún restito de aceite para condimentar aquel repetido alimento.
Hoy en día, postrado en esta cama de hospital, no puedo moverme, estoy amarillo (y no por el azafrán). Los médicos dicen que es a causa de la hepatitis fulminante que contraje (por contacto cutáneo con un negro) que me deja solo 24 horas más de vida. Yo se que esa no es la razón, estoy amarillo por la obscena ingesta de arroz que mi madre me proporcionó durante 20 años, vaya uno a saber con qué intenciones.



23 horas después (los médicos le erraron por una), Gonzalo murió, y su madre se apresuró a vender todos los órganos del difunto; que se encontraban en perfecto estado1






1Por si no lo saben, el arroz es un gran conservante, y ayuda a mantener los órganos fresquitos como una lechuga.

miércoles, 18 de febrero de 2009

El primero es por el saque

Así que no me juzgues, no te rías, ni te pongas ladilla si no llegaste a disfrutar.
Otras escuelas dicen que “el primero es masculino”. Puedo llegar a coincidir, dependiendo del día. Soy nuevito en el tema, por lo cual mis opiniones son tan ligeras como una veleta.
Y si llega a ser así, si el primero es el polvo egoísta; no jodas. Ya te va a llegar tu turno.
¿Qué hago mientras tanto? – dirás. Pones tu mejor cara de gozo (aunque fingido, no deja de excitar) y gimes como si la 5ª de Huracán Buceo estuviera usando tu cuerpo como recipiente para sus espermiogramas.

Todo llega. Pues en la lista, encontramos tu recompensa: “el segundo es para vos”. Que se puede llegar a nomenclar (en las relaciones de pareja o de pretendido y fingido amor) como “el segundo es para vos, mi vida”.
Ahí sí, disponte a disfrutar como perro (o como puto) con dos colas, pues estoy actuando de modo altruista. Ya evacué fluidos y podría acostarme a dormir tranquilamente. Pero me pongo el overall (y si es necesario – para darle un descanso al amigo- el casco minero) y trabajo para ti, como un servil individuo abocado a la causa de complacerte.

¿Listo? ¿Satisfecha? No, señorita. Nada de acostarse a dormir. Ahora dejame “jugar para la tribuna”. El tercero (si es que lo hay) es el llamado “polvo tribunero”. Es aquel que se concreta “para los amigos”. Hay que ser bien machito, eh! Y por más que suene contradictorio y los testículos estén como 2 aceitunas secas a esa altura, para concretarlo hay que tener mucho huevo.

Por último, como Mihanovich’s strawberry o frutilla de la torta, tenemos el intento de record personal. Después de realizar tamaño esfuerzo físico y mental, los únicos que pueden intentar alcanzar ese cuarto estadio, son aquellos seres con egos inversamente proporcionales al tamaño de sus falos en ese momento (si me dicen que la tienen grande en el cuarto polvo, son unos mentirosos de novela). Solo el narcisismo o la condición ególatra de un individuo (no manipulado genéticamente) pueden llevarlo a ir tras esa insalubre empresa. Con garra y corazón (el mismo que ya no quiere seguir bombeando sangre a las zonas pudorosas) intentan generar estímulos eróticos, para que los Usain Bolt de los espermatozoides abandonen su inmovilidad y vayan a por ese record.

Se han constatado casos de hombres que dicen haber acabado cinco, seis o hasta siete veces. Esos son los considerados “polvos pescadores”, que no tienen una sola gota (que inconveniente y asqueroso eufemismo) de veracidad. Son simples mentiras baratas para contar a los amigos.
Estudios han demostrado que quienes dicen haber llegado a esos “polvos pescadores”, en realidad no han tenido más que una maratón onanista frente al televisor o la pantalla de la pc.


M.S.P.
Ministerio de Salud Púbica.

lunes, 16 de febrero de 2009

Macramé en las cervicales

Tener pelos en la espalda, es como La Selva.
La Selva, es cosa seria.
Ergo...

No te voy a resolver este sencillo razonamiento deductivo. Como dijo D.J. (Dios Junior, el de barba y chanclas) “no te voy a dar los pescados, ni te voy a enseñar a pescar. Te regalo $100*, te vas al Mercado del Puerto y te comes una brótola al ajillo. Al fin y al cabo que me cuesta darte cien mangos, soy dios... sacá cuentas, viejita”.

Cómo decía, tener una plantación de vellos en la espalda no es moco de pavo.

- Este debe estar lleno de pelos en la espalda – dirá algún gil con pretendida perspicacia.

Pues claro que sí, idiota! ¿Por qué habría de escribir un texto que hablase de eso si no? ¿Qué te crees, nabo; que defiendo la causa de Gustavo Szczygielski? ¿Que vi una repetición del programa de Susana Giménez y sentí pena por la “familia mono”? No señor! Por si no lo has notado, esto es una catarsis personal en papel (pasada luego a Word – soy un purista, no me va a ganar el Openoffice ni el procesador de texto de Google Chrome - y subida aquí, previo pasaje por el corrector ortográfico), hablo de mis problemas y los camuflo con tonterías para que crean que soy un tipo feliz con la capacidad de reírse de sí mismo. Cuando en realidad soy un alma destrozada por ese camino de hebras capilares que no hacen más que afear** y deslucir** aún más este imperfecto organismo.

¿Afeitarme? Ni lo pienso. Hice eso con una “pelusa supra labial” a los 6 años, y antes de saber dividir entre 2 cifras ya tenía un bigote más tupido que Nietzsche (en esa época además de no saber hacer divisiones complejas, o diferenciar entre diptongo e hiato tampoco conocía la existencia de ese filósofo alemán)

No hay solución. Seguiré así.
Usando poleras en invierno, para no pasar frío durante la cruda estación.
Y polleras en verano, para que la gente mire lo ridículas y antiestéticas que son mis piernas y no repare en esos desorientados folículos capilares que copan mi espalda a pasos agigantados.







* Los precios no están actualizados. Solicite la carta con las tarifas vigentes.

** Que son sinónimos, pero son además tan lindos vocablos que me daba pena dejar uno afuera

domingo, 1 de febrero de 2009

"Te quedaba más lindo..."

Estoy cansado de escuchar esa frase. ¿Nunca satisfechos con el Gonzalo actual? Y sí, como leyeron; dije “satisfechos”, no “satisfechas”. Me cansé de reducir todo a las XX, apuesto a la estadística. Pero es que hoy, hasta los XY con elección sexual anti procreación me dicen lo mismo.
Pongámosle que en el caso de que ellos dijeran “que lindo estás hoy en día, botija” mi celibato continuaría (por gustarme solamente las féminas), pero mi autoestima se elevaría como cura brasilero atado a globos de helio.

No me mientan más. Cuando era un pequeño lampiño, flaco, cuasi terraja no me miraban. O en el caso de hacerlo, codeaban a quien los acompañara para reírse o poner caras de asco.
Luego, adopte una postura capilo-facial tirando más hacia lo metrosexual tupamarezco (barbita bien cuidada… desagradable a la vista ajena – y propia cuando me levantaba histérica- pero bien cuidada) y tampoco les gustó.

- Gonza, que feo que estás! Quedabas precioso sin barba
- Marta (nombre random que incluye a todas las que pronunciaron esa frase), que fea que estás! Quedabas mejor con himen!

Si quedaba “precioso sin barba”, entonces ¿por qué no copulaste conmigo? Golfa!


Tratando de complacerlas, pasé por setenta y seis etapas de metamorfosis. Ninguna las satisfizo. Hoy en día, no las necesito.
Aprendí a vivir sin coito.

Tengo Internet en casa.

martes, 27 de enero de 2009

A lo María Elena Walsh

* Mi peluquero personal es calvo
* Mi terapeuta está deprimido
* Mi jefe juega al buscaminas y pone cara de “ofuscado” mirando una vieja planilla de Excel cuando me ve llegar
* Mi carnicero preferido es vegano
* Mi héroe de la infancia es puto
* Mi masajista está contracturado
* El portero de mi edificio vive en carpa
* Mi mejor amante es frígida
* Mi mejor polvo es corto
* Mi pierna derecha es siniestra
* Mi pierna izquierda también es siniestra
* Mi panadero es celíaco
* Mi fonoaudiólogo es gangoso
* Mi mejor amigo habla mal de mí
* Mi peor enemigo en el fondo me quiere
* Mi verdulero está del tomate
* Mi chica ideal no me quiere
* Mi chica de humo es un temaso del Teto Medina

viernes, 23 de enero de 2009

ZITARROSA MAMÓN (titulo llamador que nada tiene que ver con lo que leerá debajo. Ahora que sabe que es una farsa, si sigue leyendo, el mamón es usted)

¿Entonces este derroche de ósculos fue en vano?
Claro, cómo vos no tenes problemas en las glándulas salivales, no te importa lo que le pase a los demás, ¿no?
¿Te crees que no me gusta chuponear? ¡Claro que sí! Pero lo tengo prohibido estrictamente por mi endocrinólogo.
De todos modos, y para dejarte contenta, apretamos como veinte minutos en aquel baile. Y encima, para que mi demostración de amor fuera completa e hidalga, lo hicimos en la pista de rock. Qué asco! Todos peludos, estrellando sus cuerpos unos contra otros como si de autitos chocadores se tratara. ¿Y la música? Ni una trompeta, ni un pianito guitarra. Nada. Puro sonido estridente y loud, so freaking loud (ahí tenes otra razón para enamorarte de mí. Salvé casi todos los exámenes de inglés en el liceo)
Pero vos hacé lo que quieras, no te sientas presionada. Si querés mantené la decisión de dejarme.
Total, la cardiopatía crónica esa que dicen los médicos que me puede matar si recibo un disgusto grande, no es para preocuparse tanto.
Hablame. Tecleá dale! (Te diría llamame, pero sos sordomuda. ¿Ves que yo no me olvido de tus problemas?)
Para! Ahora que lo pienso bien… ¡además de sordomuda sos una hija de puta! Si no escuchás un soto, ¿para qué me hiciste ir a la pista de rock?